El TTF, las siglas holandesas que deciden el precio de la luz

El TTF, las siglas holandesas que deciden el precio de la luz

En las últimas semanas, la Comisión Europea, además de varias empresas, en mayor o menor medida, abandonar TTF como mercado de referencia para el precio del gas. Se trata de una solución compleja para un mercado y un sistema que también lo son. Porque, de momento, es en Holanda donde se decide cuánto cuesta el gas.

TTF son las siglas de Title Transfer Facility, el índice holandés que sirve para fijar el precio del gas. Por motivos históricos, pero también por su ubicación -la puerta de entrada al norte de Europa-, ha marcado tradicionalmente el precio de este combustible del continente. Y lo ha hecho incluso el gas no pasaba físicamente por el puerto de Rotterdam. Es decir, si un comprador español adquiere gas de, por ejemplo, Nigeria, lo hace generalmente en base a ese índice a pesar de que el buque ni se acerque a las costas del país.

Es más, TTF ha llegado a marcar el precio incluso cuando la indexación se hacía en base a otros valores, como el Brent, porque la mera existencia y ‘trajín’ del mercado suponía una alternativa: un trader podía ofertar el gas -adquirido, por ejemplo, al precio del petróleo, pongamos que 18 euros por megavatio hora- muy cercano al que marcaba TTF en ese momento (digamos que 25 euros) porque, si el comprador no lo aceptaba, lo único que tenía que hacer era enviar el barco a la regasificadora holandesa y venderlo ahí a esa cantidad. De ahí que el precio en España y el de Holanda estuviesen correlacionados; se pagaba el coste de oportunidad de mover el buque.

«TTF, al final, es como una lonja muy activa», ilustra Javier Revuelta, senior principal de la consultora Afry. «Es un mercado que se acepta en Europa como el más representativo del valor del gas y, al ser tan líquido, se piensa que siempre se podrá o comprar a última hora o vender a última hora». Tan activa es esta ‘lonja’ que, como publicó recientemente Expansión, en 2021 la referencia se utilizó para negociar 4.500 bcm (millardos de metros cúbicos de gas), cuando el consumo de la Unión Europea está en el entorno de los 500. La especulación se ha disparado y en las últimas semanas, además, hay una enorme inestabilidad, con subidas y bajadas de precio de 50 o 60 euros de un día para otro. Por otro lado, el alto precio del TTF ha reducido la liquidez, porque ha hecho que aumente el coste de entrar en este mercado

El problema es que, además de la inestabilidad, comienzan a surgir impedimentos físicos: los almacenamientos están llenos y, aunque llegase un metanero a España, no se podría enviar a Holanda a descargar, porque no tiene dónde hacerlo. «Los mercados del gas están muy especulados» explica Roberto Gómez-Calvet, profesor de Empresa de la Universidad Europea de Valencia y experto en suministro energético. Las oscilaciones que conlleva esta situación son, en su opinión, algo «demoledor para la economía», porque las empresas no saben si deben comprar a un alto precio o esperar. «Hay un panorama muy incierto porque con estos precios del gas a las empresas no les salen los números», apunta el profesor.

De momento, hay varios frentes abiertos para que TTF deje de marcar el precio del gas. Uno de ellos está ya en práctica en países como España: desligar el precio del gas del mercado eléctrico. «Que no ‘contamine’ lo que se paga por toda la electricidad», resume Javier Revuelta. El funcionamiento del mercado mayorista en el que se vende la electricidad, en forma de subasta inversa, supone que el precio más caro -actualmente, el de las centrales de ciclo combinado que usan gas para producir electricidad- sea el que aplican todas las fuentes. Si se actúa en las generaciones inframarginales -es decir, aquellas que ofertan su energía mucho más barata, pero terminan vendiéndola a precio de gas, como pueden ser nuclear, eólica o fotovoltaica-, se reduce el impacto del combustible. Las minoraciones de los beneficios extraordinarios o el tope al gas son, por lo tanto, formas de desligarse del TTF.

El segundo, al que aludió el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, en una entrevista en EL MUNDO, es «excluir la especulación del precio del gas». Eso sí, advirtió que debía hacerse «siempre teniendo el mercado como referencia» y evitando «intervenciones que pongan en riesgo la seguridad del suministro». Según apunta Revuelta, es también uno de los más complejos. Al final, supone cambiar la indexación a otro mercado o conseguir que TTF deje de marcar los precios. No obstante, los contratos no los firman los gobiernos, sino las empresas, que serían quienes tendrían que renegociar contratos activos con los productores. «Hay que interferir en negociaciones muy complicadas que llevan años para renegociar fórmulas de precio que llevan a que en lugar de vender gas a 200 lo venden a 25», detalla el consultor. «Estás negociando con un productor que tiene algo muy valioso y le estás pidiendo que te cambie un contrato vigente». La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ya ha abierto la puerta a esta opción.

El tercero de estos frentes es, sobre el papel, más sencillo, aunque con un importante asterisco: supone actuar sobre la demanda. Si se reduce el consumo de gas, bajará su precio. Bajar termostatos o un plan de reducción industrial serían ejemplos. Sin embargo, Revuelta advierte que, si bien a nivel regulatorio es la opción más fácil, no ocurre lo mismo en la práctica.

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